Orlando Rivera Mas que Figuritas
Orlando Rivera nació mientras su padre moría de cirrosis en una cama y jamás pudo ser después amigo de su padrastro, un masón que le hizo trampa y lo llevó adulto al manicomio. De su madre, una costurera, Orlando heredó el buen gusto en el vestir. De su padre, la debilidad por el alcohol.
Orlando Rivera, aquel legendario bacán marihuanero y bebedor de ron en Barranquilla, bailarín y maniático, que perdía los zapatos en las parrandas y había llenado los burdeles de murales hoy destruidos, es también, en Medellín y Baranoa, el marido enamorado y complaciente, así como el preocupado padre de familia que pinta óleos y acuarelas en las horas nocturnas que su trabajo de publicista le deja.
Figurita Rivera fue amigo entrañable de Gabriel García Márquez, Alejandro Obregón, Alfonso Fuenmayor, Germán Vargas, Alvaro Cepeda Zamudio y demás cofrades del llamado grupo de Barranquilla, quienes bebieron y se divirtieron con él, lo respaldaron y promovieron como artista.
Rivera vivió cinco años en Medellín, donde fue amigo de Alberto Aguirre, Carlos Castro Saavedra, Luis Lalinde Botero, Eddy Torres, Gonzalo Arango, Oscar Hernández, Guillermo Gaviria, Manuel Mejía Vallejo y otros escritores y artistas. Gracias a ellos, logró sobrevivir, enamorarse y madurar en su pintura, sin dejar de beber.
Del testimonio de ambos grupos (y del de sus familiares y otros amigos) se nutre la historia contada en estas páginas. Se trata, pues, de un relato a varias voces. Entre comillas. Y así siempre en primera página, para no distanciar más a los lectores de unos hechos ocurridos mucho tiempo atrás. Sobra decir que lamentamos la muerte trágica de nuestro artista, tanto como la de buena parte de sus amigos en las últimas décadas. En vida, ellos hubieran podido ayudamos a reconstruir un retrato suyo, mucho más cercano a la realidad.
Orlando Rivera estaba tan seguro de su calidad pictórica que no se registraba en los salones de arte. Se presentaba de pronto con su bulto de obras bajo el brazo. A veces no lo aceptaban y él improvisaba, en la calle o en un café, su propia galería. La pintura de Rivera responde a las angustias y crisis de su tiempo, aún el nuestro. La solidaridad con los débiles, el amor por los niños y un afán de justicia e igualdad están, poética, artísticamente expresados en sus cuadros. Rivera siempre tuvo algo que decir. El conjunto de obras recopilado aquí permitirá al lector tener una visión más amplia y realista de su trabajo.
En todo caso, queda claro que lo suyo era más que figuritas. Muchísimo más que sus propias caricaturas magníficas. Alguien comentaba que quizás los pintores lo desdeñaban por que era publicista. Como desdeñan ciertos escritores a los periodistas.
La entrevista con Oscar Hernández, que ayuda a estructurar el relato central de este libro, y el teté a teté con Nereo López enseñan sin discusión que Rivera era un hombre lúcido e inteligente. Los comentarios y apreciaciones de Carlos Flores Sierra, Alfonso Fuenmayor, Gonzalo Arango, Castro Saavedra y, sobre todo, Elkin Mesa, vigorizarán con seguridad la valoración estética que pueda tener el lector de este pintor.
Se dice que Rivera murió como quería, en plena carnestolendas, al caer tres metros (a veinte kilómetros por hora) desde una carroza que construyó. No iba disfrazado de mujer sino de negro, el mismo negro comediante que cantó e hizo muecas en una revista musical presentada en el Teatro Colombia. Ese era, de cualquier modo, el Figurita del vacilón y la gozadera. El otro era el de las obras que aquí reunimos para ustedes. El otro era, es, el pintor, Orlando Rivera.
Heriberto Fiorillo
 


En forma trágica pereció el pintor Orlando Rivera

 

En las horas de la noche del sábado, pereció trágicamente al caerse de una carroza, el popular artista barranquillero Orlando Rivera, conocido también entre sus numerosas amistades de todo el país con el cariñoso remoquete de Figurita, debido a su figura magra y a un tic nervioso característico en él.

En pleno carnaval

Orlando Rivera, que era dibujante, pintor, cantante y compositor en sus múltiples ratos de bohemia, era también uno de los más capacitados decoradores de la ciudad. En años anteriores había confeccionado varias carrozas para las distintas reinas del Carnaval de Barranquilla, así como templetes y otros motivos. En esta ocasión había construido la carroza de la Reina del Carnaval de Baranoa.

Precisamente él y algunos amigos
suyos y de la reina de ese municipio,

ocupaban la parte de atrás de la carroza durante el desfile de la Batalla de Flores. Rivera iba libando copas con sus amigos, alegremente, jocosamente, como él sabía hacerlo, pues era un muchacho ajeno a la tristeza, a pesar de haber vivido muchas veces en medio de las dificultades y el dolor.

 La tragedia

Los datos que se tienen hasta el momento indican que Rivera, debido a los tragos que había ingerido, posiblemente trató de pasarse de un lado otro de la carroza, perdiendo el equilibrio para ir a caer violentamente a la carretera, fracturándose el cráneo, por lo que pereció poco después.

Parece también que los demás ocupantes de la carroza no se dieron cuenta de lo sucedido, pues le hubieran prestado algún auxilio, ya que no se ha establecido que su

muerte hubiera sido instantánea. Y que sólo vinieron a notar la ausencia del compañero cuando ya habían recorrido un buen trecho, regresando entonces para enterarse de que Rivera había muerto, y tal vez por ofuscación resolvieron no dar aviso inmediatamente a las autoridades.

 Sospechas

Lo cierto es que, según las versiones conocidas en la mañana de hoy, la carroza fue abandonada por el resto de sus ocupantes, cerca de la población de Galapa.

El cadáver de Rivera fue hallado en las horas de la madrugada del domingo, en el kilómetro siete de la Carretera de La Cordialidad, frente a la planta de la Voz de Barranquilla.

Sólo en las horas de la mañana se dio aviso a sus familiares y a las autoridades de policía. El inspector décimo municipal de policía, don Henry Brusse Salas, se trasladó al lugar de la tragedia, practicando el levantamiento del cadáver, ‘el que fue entregado a sus deudos.

Como consecuencia de la extraña conducta de los demás ocupantes de la carroza número 10, que era la de Baranoa y que ahora se encuentra en los patios de la Dirección de Tránsito, han circulado algunas versiones según las cuales Rivera fue empujado de la carroza, posiblemente por un momento de imprudente juego, tal vez a propósito de alguna discusión.

Investigación

En todo caso el investigador Brusse Salas tendrá que hacer claridad sobre estas versiones que se han venido propagando por la ciudad. Los médicos legistas practicaron la autopsia correspondiente y, de su informe, se espera una luz sobre el particular.

Por lo demás, parece que hoy abocará el caso el Director Municipal de Tránsito Gonzalo Vásquez, a quien corresponderá seguir la instrucción en investigación, si el Inspector Brusse Salas llega a la conclusión de que se trata de un accidente de tránsito.

La Prensa

Jueves 3 de marzo de 1960

El pintor Orlando Rivera muere al caerse de una carroza

El pintor Orlando Rivera Rangel viajaba en la carroza de la reina del carnaval de Baranoa, camioneta #65677, al amanecer del domingo. La carroza llegó a la población después de haber recorrido la ciudad y Orlando Rivera, que viajaba en ella con otras personas, ya no estaba, por lo que sus familiares salieron en su búsqueda, habiéndolo encontrado en el kilómetro 15. El cadáver presentaba fracturado el cráneo y fue levantado por el Inspector Brusse Salas y trasladado al hospital, de donde lo trajeron al Cementerio Universal, habiéndole dado sepultura el lunes.

Inspector Décimo de Policía de Siape, don Henry Brusse Salas, ordenó la práctica de la reconstrucción de la tragedia en que pereció el infortunado pintor Orlando Rivera Rangel, el sábado de Carnaval en las horas de la noche en la Carretera de la Cordialidad, fre,.’ a la Planta de la Emisora La Voz d- Barranquilla.

El Objetivo

Se ha dicho con mucha insistencia que el camión ocupado por Rivera para la confección de la carroza de la Reina de Bolivia, no le permitía mayor velocidad al citado vehiculo, pues tenía muy poca visibilidad el chofer. Todos los indagatoriados ya han sido liberados en forma inmediata, pues no hay méritos para detenerlos. La diligencia de reconstrucción se cumplió en las horas de la tarde de ayer.

 Ayer en las horas de la mañana, según informaciones precisas, fueron indagatoriados los detenidos Antonio Bello y Carlos Algarín, chofer el primero y ayudante el segundo del camión sobre cuya mesa confeccionó el pintor Orlando Rivera la carroza, con destino a la Reina del Turismo de Bolivia, que habría de participar en el desfile de la Batalla de Flores, el sábado de Carnaval, y a bordo de la cual iban el sábado en la noche rumbo a Baranoa el pintor Orlando Rivera y los citados Bello y Algarín, además de Ramón de la Hoz y otro cuyo nombre no ha sido revelado, cuando se produjo la trágica muerte del infortunado artista barranquillero.

La situación

Después de la diligencia de indagatoria a Bello y Algorín, asistidos por los abogados Wenceslao Martínez Gutiérrez y Feliz Suárez Barrios, quedaron en libertad, pues en su declaración no dejaron méritos para continuar detenidos. El investigador de esta sensible tragedia, el Inspector 10 de Policía, Don Henry Brusse Salas, ha ordenado la captura de Ramón de la Hoz y del hasta ahora desconocido, pues parece que ambos son claves en la investigación.

Reconstruyen la tragedia del pintor Orlando Rivera

Ha quedado plenamente establecido que la carroza que confeccionó el pintor Rivera, desfiló sin reina, por no haber venido la Señorita Bolivia. Entrada la noche y por haber quedado sin batería el camión, Rivera compró una, dejando en rehenes un cheque por la suma de mil 500 pesos, que había recibido de la Junta del Carnaval en las horas de medio día del sábado. Puesta la batería, Orlando Rivera, por no tener bajo su responsabilidad el contrato con el camion  resolvió en las horas de la noche del sábado regresar a Baranoa, lugar de habitual residencia con su esposa, Doña Sol Santamaría de Rivera.

La tragedia

Todo parece indicar que la tragedia debió ocurrir un poco después de las diez de la noche del sábado, es decir, que el cuerpo inanimado de Rivera estuvo abandonado en la carretera hasta el domingo en la mañana, cuando lo halló su esposa y, en compañía de algunos amigos, lo condujeron al hospital, creyendo que podrían salvarlo. El chofer del camión y demás compañeros sostienen que «no se dieron cuenta cuándo pudo caerse Rivera del camión».

No hay la menor duda de que el citado camión debía marchara una velocidad bastante baja —unos 20 kilómetros por hora— toda vez que el chofer tenia muy poca visibilidad, por tener cubierta casi la vista por los adornos y demás elementos constitutivos de la carroza. Un pasajero que se cae a esa velocidad, de un vehiculo, difícilmente muere en el acto, pues tiene tiempo de meter las manos y defenderse.

Un crimen

Todas las presunciones que se han hecho en el campo de la lógica revelan que solamente mediante un empujón, propinado por uno de los que iban en la carroza, se evitó que pudiera Rivera defenderse al caer y fue a dar al suelo recibiendo el golpe en el cráneo de manera sencillamente fatal.

El infortunado pintor, al ser lanzado, perdió el equilibrio y cayó cabeza abajo mientras que el camión siguió su marcha. Tiene, pues, el investigador muchas pesquisas que evacuar para evitar que esta tragedia no quede envuelta en una bruma de misterio.

La Prensa, Domingo 6 de marzo de 1960